La Esquinita transforma un pequeño bar en un espacio cálido que conecta con el entorno de montaña y con quienes lo recorren. La reforma toma el ciclismo, la escalada y el senderismo como referencias para construir una identidad cercana y con carácter.
La piedra, el ladrillo y las vigas de madera vistas aportan textura al interior, acompañados por tonos claros y acentos verdes. La barra de madera articula el espacio, mientras las cañas decorativas y la iluminación indirecta envuelven la zona de mesas. Las lámparas de vidrio introducen un toque contemporáneo y una luz cálida que refuerza la intimidad del conjunto.
Las siluetas metálicas de montañas y deportistas trasladan el paisaje al interior y completan la personalidad del local. Un lugar pensado para hacer una pausa, compartir una buena comida y prolongar la conversación después de un día al aire libre.









