El diseño encuentra su identidad en el contraste de materiales y el protagonismo de la iluminación. Una base de negros, blancos y grises se combina con acentos dorados para crear un espacio contemporáneo que
se transforma al caer la noche.
Las celosías blancas de formas orgánicas, realizadas en Duromond, aportan relieve y movimiento al interior. Las cortinas de malla metálica Kriskadecor delimitan ambientes e integran elementos técnicos, convirtiéndose también en superficies sobre las que la luz genera reflejos y matices.
La barra y los revestimientos de efecto mármol equilibran el conjunto con líneas definidas, mientras la iluminación de color realza las texturas y envuelve el espacio. Un interior pensado para vivir la música y el encuentro, donde materiales y luz forman parte de una misma puesta en escena.








