El diseño recupera la esencia del café tradicional desde una mirada fresca y actual. Las mesas con pie de forja y sobres de mármol de cantos redondeados evocan esa memoria, acompañadas por la calidez de la madera y una paleta de blancos y tonos ocre.
La barra adquiere protagonismo con un frente de apariencia madera y detalles dorados que se prolongan en el botellero suspendido. Sus formas arqueadas dialogan con el mobiliario diseñado a medida, como el copero y la cava de vinos. A fondo, los azulejos blancos y ocres componen un dibujo geométrico que aporta ritmo al conjunto.
La pintura delimita la parte superior de las paredes, mientras las lámparas de globos blancos y las barandillas ornamentales refuerzan el carácter clásico del espacio. Las mesas altas introducen una forma más informal de disfrutar del local. Un interior cercano y acogedor, donde los detalles de siempre encuentran una nueva expresión.





